17/10/12

Pulseras de la amistad II parte

¡¡¡Hola!!! Aquí os traigo la segunda parte de Pulseras de la amistad, espero que os guste ^^


 

Seguí avanzado entre la oscuridad del pasillo. Esa noche perduraría en mis recuerdos para siempre. Mi casi fallecimiento, la muerte de mi hermana y el abandono de mis padres. Recuerdos dolorosos y escalofriantes de mi infancia, aquel día me había cambiado por completo. Me habían obligado a madurar de golpe. Hoy era el día en que se me concedería la libertad y me obligaban marcharme del orfanato en el que había vivido durante ocho años entre gritos, llantos y dolor. Siempre había querido volver al lugar en el cual la muerte había estado muy cerca de mí y en donde perdí lo único importante que me quedaba tras la muerte de mi gemela, la pulsera roja que nos regalamos la una a la otra por nuestro noveno cumpleaños y que se me cayó en algún momento de esa inolvidable y angustiosa noche. Si la encontraba podría seguir con mi  vida, hasta a lo mejor podría intentar olvidar el pasado y centrarme en el presente pero para ello necesitaba ese amuleto. Cada vez se me hacia más difícil ver, la oscuridad predominaba en el lugar. De pronto empecé a oír unos extraños ruidos. Avancé en dirección a ellos. Ese sonido se me hacía familiar, conocido. A medida que avanzaba las paredes iban adquiriendo un aspecto más desolador y el putrefacto hedor que desprendían provocaban que contuviera el aliento. Al acercarme más al desagradable sonido, pude identificarlo como gemidos. Lastimosos y afligidos. Se fueron haciendo más fuertes y sonoros, hasta que ese sonido se impuso al latir desenfrenado de mi corazón y al crujir del suelo podrido causado por mi peso. El miedo hacía tiempo que me acompañaba, erradicándome sollozos de terror. Mi tez había adquirido un tono blanquecino. La palidez hacía resaltar el temor que se hallaba en mis dilatados y nerviosos ojos. Me paré en seco cuando encontré la puerta de la cual procedían aquellos incesables gemidos. Esta permanecía cerrada. Coloqué una mano sobre la puerta, su tacto era áspero. Puse mi otra mano también en ella y sin pensarlo empujé la puerta. Esta ante la presión en la que se encontraba, cedió causando un chirrido funesto. El pulso se me había acelerado peligrosamente, podía sentir el movimiento de la sangre en mis venas, el vaivén del flujo que entraba y salía de mi fuente de vida. El sudor me empapaba la frente. Mis ojos se negaban a levantar la vista del suelo por temor a lo que pudiesen observar. Pero algo me obligó a hacerlo, más bien la curiosidad me mataba por dentro pues desde que había accedido a la sala un silencio sobrecogedor se había apoderado de la estancia.  Con lentitud forcé a mi cabeza para que se alzara, pese a su resistencia conseguí mi objetivo. Ojalá hubiese hecho caso a mi instinto. La escena que se mostraba frente a mí me paralizó. Cerré los ojos. Los abrí. Los volví a cerrar. Los volví a abrir. No quería creerlo. Un rayo ayudó a mi visión a observar el lugar. Grité. Lloré. No podía ser. El terror me provocó un irremediable temblor.  Quería parar. Pero no podía. Me creí con fuerzas para observar la escena. Me equivoqué. El corazón galopaba en mi pecho. El sudor recorría mi cuerpo. Cada parte de mi ser era súbdito del terror. Era la habitación donde estuve a punto de morir. En la cual falleció mi hermana. La cama estaba ocupada por alguien. Oculto por una sábana. Avancé un paso. Seguido de otro. Y otro… Hasta que me encontraba enfrente de la cama. Respiré profundamente. Una. Dos. Y tres veces. Levanté la mano y la guié hasta la sabana. La agarré con fuerza. No quería pararme a pensar qué era lo que se ocultaba bajo ese desgastado y sucio trapo. Tiré de ella y cerré los ojos de golpe. Ya había destapado la camilla, ahora solo me faltaba un poco de valor para observar qué era lo que se escondía tras aquel trapo. “Ya he llegado hasta aquí, ahora no puedo echarme atrás”. Me dije a mi misma intentando darme ánimos. Suspiré lentamente. “No soy una cobarde” Seguí pensando. “Lo puedo hacer, solo tengo que abrir los ojos” Con estas conseguí estimularme y realizar mi propósito… Abrí los ojos. Observé atentamente lo que se encontraba justamente en frente de mí. Nada. Desconcertada palpé la camilla en busca de aquel objeto o cosa que había provocado la elevación de la sábana. Una búsqueda inútil. Mi pulso se había normalizado y el terror que anteriormente me acompañaba, había desaparecido por completo. Gracias a la ayuda de otro rayo pude ver algo en el suelo a escasos metro de mí. Me acerqué lentamente mientras mi pulso se volvía a acelerar pero esta vez no de miedo sino de alegría. Una alegría que no tardó nada en envolverme cuando el pequeño objeto estuvo entre mis manos. Mi pulsera. Me volteé para irme de ese lugar en cuanto antes dado que mi misión ya la había cumplido, pero algo se encontraba precisamente detrás de mí. Algo de lo que no me había percatado por el regocijo que me había dado encontrar la pulsera. Instantáneamente me paralicé. Mi mente intentaba sin éxito procesar la información que mis ojos le estaban dando. No sé con exactitud cuanto tiempo estuve ahí quieta frente aquella cosa, pero en cuanto me cercioré de que todo estaba ocurriendo en mi mente salí corriendo por la puerta en busca de la salida. Nunca más volvería a entrar ahí. Nunca más, ni tampoco contaría a nadie lo que vi que aquella cosa portaba en la muñeca. Aquel objeto que me hizo palidecer. La otra pulsera roja.
 
 
 
 
 
Espero que os halla gustado ^^ El próximo miércoles colgaré otra entrada no sé si será otra historia corta o una reflexión ^^ Bss y gracias por leer :)

10/10/12

Pulseras de la amistad

¡Hola! Ya es miércoles y como las dos semanas anteriores voy a poneros una historia corta. Os la dividiré en varios capítulos espero que os guste ^^ el género es el terror.



Los latidos de mi corazón retumbaban con vigor en mi interior. Un sudor frío me recorría el cuerpo. Notaba mis músculos en tensión. Mi visión intentaba sin éxito acostumbrarse a la lobreguez que invadía la sala. La lluvia golpeaba los fracturados ventanales con fuerza acompañada por restos de vegetales. La agonía me imploraba que huyese de allí, que recorriese mis pasos devuelta a la civilización. Pero el coraje luchaba contra ella, en una batalla que tenía de antemano ganada. No iba a abandonar, los últimos resquicios de mi vida se encontraban en una parte de este desolado, vetusto y terrorífico hospital. Traspasé la estancia con determinación. Al final de ella se hallaba una puerta que me conduciría hacia el centro de la derruida construcción. El suelo crujía ante mi avance, formando una perfecta unión con la tormenta para crear una atmósfera cargada de terror. La puerta rechinó al abrirla, dejado a la vista un pasillo sumido en la más profunda oscuridad.  A los diversos lados se encontraban puertas idénticas salvo por el número que se hallaba pintado en cada una. Mi respiración se volvió lenta  mientras intentaba percibir algún sonido que me pudiese alarmar sobre posibles peligros que podrían acecharme en esta edificación. No distinguí ninguna anomalía en el lugar por lo continué con mi avance. La puerta se cerró tras de mí provocando un gran estruendo que resonó por todo el hospital. Pasé de largo numerosas puertas tras las que se escondían recuerdos dolorosos bajo una capa de suciedad. Cada vez me adentraba más en la oscuridad, privándome de lo poco que mi visión se había acostumbrado a ella. Mis pasos resonaban por aquel corredor quebrando el silencio originado a lo largo de los años. El rugir de la tormenta ya no se podía percibir, por lo que yo era la única que perturbaba la quietud del lugar. Los segundos transcurrían y yo seguía vagando por los oscuros y desgastados pasillos. Todavía no había encontrado lo que buscaba, lo que durante tanto tiempo había estado reconcomiéndome por dentro provocando mi insomnio. Ocasionado por esa noche que había estado presente en todas mis pesadillas.

 

***

La noche ya había caído sobre un pequeño pueblo del norte de Madrid y el silencio reinaba en la penumbra, pero fue destronado por un grito desgarrador que perturbó la tranquilidad de los habitantes. Su origen se encontraba en una joven de unos diez años. Se había despertado tras sufrir pesadillas que se acercaban más a la realidad que a la ficción. Sus padres desesperados por los gritos que emitía la joven, la llevaron al hospital que se hallaba a unos kilómetros en otro pueblo con mayor población que estaba a punto de ser reconocido como una ciudad. Eran las tres de la madrugada y el hospital parecía en calma, una calma que no perduró mucho pues rápidamente al llegar los padres con su hija gritando como si se estuviera muriendo la alarma se instauró en la clínica. Los doctores y enfermeros iban de un lado a otro intentando ayudar a la joven, que seguía chillando como una loca.  Los padres vieron con los ojos inundados en lágrimas como se llevaban a su hija a la sala de emergencias mientras que su gemela observaba todo anonadada y asustada. Los padres intentaron calmarla diciendo que se pondría bien, más la niña no era tonta y sabía a la perfección que lo que le estaba sucediendo no era frecuente. Pasaron horas en que la familia se encontraba en completa tensión, lo único que se oía eran los gritos agónicos de la joven. Se encontraban en la sala de espera, una estancia de color grisáceo alumbrada por una tenue luz que refulgía de unos focos situados en el techo. La niña apretaba con fuerza lo único que ahora le ataba a su hermana, una pulsera de hilos rojos que portaban siempre las dos pero cada una en una muñeca diferente. La chica sentía dolor por su hermanita pero no entendía lo que estaba ocurriendo. Podía sentir la angustia que se respiraba en el ambiente, cada gota de sudor que resbalaba de la frente de su padre, la respiración agitada de su madre. Todas esas reacciones no pasaron desapercibidas para la joven que movía con nerviosismo la pulsera como acto reflejo ante la situación. Tras horas que parecieron interminables para la familia, un médico llamó a los padres queriendo hablar con ellos en privado. La niña quería saber que era lo que la ocultaban, el porqué de que su hermana hubiese gritado como si la vida le fuese en ello. Así que cuando sus padres la dejaron sola ella emprendió el camino que habían tomado sus padres. Este la llevó a un pasillo con innumerables puertas de las que procedían quejidos que provocaron que se la pusiese la piel de gallina. La iluminación era mortecina, la mayoría de los reflectores se hallaban fundidos. Una gélida brisa ocasionó un pequeño escalofrío que la recorrió la espalda. Era el perfecto escenario de una película de terror. La joven se concentraba en el sonido de sus pisadas y en el ritmo acelerado de su corazón pretendiendo así poder expulsar esos gemidos que se iban clavando como flechas en su mente.  Anduvo con rapidez adentrándose cada vez más en el hospital. Paró en seco al ver una puerta entreabierta de la cual procedían unos sollozos que reconoció, eran los de su gemela. Gritos. Suplicas. El corazón aceleraba su ritmo a cada paso que daba, sus pupilas se dilataban por el esplendor que se escapaba de la habitación. Algo en su interior la ordenó parar, era su conciencia, pero ella desobedeció ateniéndose a las consecuencias que conllevaría asomarse a esa sala. Ya se encontraba frente a la puerta, los sollozos se oían claramente, la persona de la cual procedían debía de estar aterrorizada. Con lentitud acercó sus ojos al pequeño espacio que separaba la puerta de la pared. Sus pupilas se dilataron lo máximo posible por el miedo al observar la escena que se estaba llevando acabo en la habitación. Su hermana se hallaba atada por unas cuerdas a la cama, sus padres y el doctor hablaban en susurros por lo que no pudo escuchar su conversación. Las cuerdas le estaban haciendo rozadura en las muñecas y en los tobillos, las lágrimas caían de sus ojos sin parar, la habían puesto una soga en la boca para acallarla pero sus lamentos se podían escuchar claramente. Entonces vio avanzar al doctor con una jeringuilla en las manos, el cuerpo de la joven amordazada en la cama comenzó a temblar sin pudor. Los ojos de la chica portaban algo. Terror. La vio intentándose desprender de las cuerdas con desesperación. Eso fue suficiente.  La chica empujó la puerta  abriéndola de un golpe y corrió a defender a su gemela. Los padres de ella la miraron con horror, no esperaban que hiciera presencia. El doctor no se percató de que la joven acababa de entrar y siguió con su cometido, clavar la jeringuilla en el brazo de la chica. La gemela se interpuso entre ambos siendo ella la que recibió el pinchazo. Los padres gritaron y corrieron a abrazar a la joven que se convulsionaba en el suelo sin poder remediarlo. Lágrimas caían del rostro de los familiares al ver la escena, la niña de la camilla lloraba amargamente por lo que el contenido de esa inyección conllevaba. La muerte. Los padres abandonaron en un orfanato a su hija viva, su única cura habría sido la muerte pero tras el fallecimiento repentino de su otra hija no se veían con fuerzas para llevar a cabo esa acción. El olvido no hizo compañía a la chica que recordaría siempre lo que sucedió aquel día en el que sus padres estuvieron a punto de matarla y en el cual su otra mitad había muerto por salvarla. Sus padres eran buenos creyentes y al creer que su hija estaba poseída por el diablo quisieron matarla, una gran equivocación porque años después dieron con la verdadera causa de sus gritos. Era esquizofrénica.
 
 
 
 
 
 


                                                                       ***

Bueno hasta aquí os dejo que no quiero que se os haga muy pesado ^^ Espero que os haya gustado.  ¡el próximo miércoles colgaré la continuación! Bss ^^ Por cierto la historia de canfranc está sufriendo muchos cambios por lo que a lo mejor modifico los primeros capítulos y en cuanto lo haga ¡empezaré otra vez a subir capítulos! Gracias por leer

3/10/12

Pecuniam et avaritia II

¡¡¡HOLA, HOLA!!! Aquí os traigo la continuación de Pecuniam et Avaritia ^^ ¡¡¡¡espero que os guste!!! Y  ya sabeis... de ahora en adelante una nueva entrada cada miércoles ^^ BSS


-Chi… ¡Hip!... Y entonces llegó ¡Hip!... Mi madre y me dijo ¡Hip!... ¡No juegues con la comida!!!-  Carlo se rió escandalosamente.

-Mi querido Carlo, ¡qué gracioso eres!- gritó la mujer que había hecho que bebiera durante horas. Ahora él no podía ni tenerse en pie, y lo manipularía a su antojo.-Y mira qué gracioso es también este papel que pone que firmes, haríais una buena pareja. ¿Por qué no se lo demuestras firmándolo?- añadió ella.

-Mi padre me dijo ¡Hip!...   que nunca firmase ningún papel ¡Hip!...  sin haberlo leído. Pero ahora ¡Hip!...   no puedo leer, así que ¡Hip!...   dámelo y lo firmo. ¿Le caeré bien, al papel?-  preguntó, completamente ebrio.

-Claro, tú le caes bien a todo el mundo- dijo, completamente zalamera. Mientras lo firmaba, ella pensó en la cantidad de dinero que aquella firma implicaba.

-Bueno, esto ya está. Ya somos amigos, el papel y yo- dijo Carlo, ajeno a los pensamientos de su acompañante. Se lo entregó a la chica.

-Muchas gracias, Carlo. Ahora me temo que debo irme, ha sido un placer pasar este rato contigo.- se despidió con la mano, sacudiéndola, seguido por un largo beso que nada tenía de verdadero. Carlo se tumbó en la cama, ajeno a la sentencia que acababa de firmar.

A la mañana siguiente Carlo se levantó con un fuerte dolor de cabeza. No recordaba nada desde que empezó a beber vino con una señorita muy bella que había ido a visitarle. De pronto unos golpes en la puerta hicieron que se quejara por el dolor. Fue a abrir la puerta y se encontró con Paulo Farinelli.

-Buenos días señor Broschi ¿Disfrutó del resto de la noche?-Preguntó con un toque de maldad en la voz.

-Si, eso creo, tengo los recuerdos un poco borrosos.

-Oh, qué pena, entonces ¿no se acuerda de su amigo el papel?

-¿Mi amigo el papel? ¿De qué me habla?

-¿No se acuerda? El contrato que declaraba que yo sería vuestro representante, y por lo tanto, vos deberéis actuar cuando yo os lo ordene. Me alegra mucho que al final decidieseis hacer lo correcto.  Haré que vuestra fama y dinero solo vayan en aumento. Por cierto, desde este instante os llamaréis Farinelli, en honor a mi célebre apellido. Vuestra próxima actuación será en Roma, en el teatro Giovanni cantando la canción “Pecuniam et avaritia”. Partiremos hacia nuestro destino en un par de días. Mientras tanto disfrute de su tiempo libre.-Dicho esto se fue dejando al nuevo Farinelli asombrado.

 

                                                                                               ***

Una mujer tan hermosa como letal se encontraba en una de las más prodigiosas escuelas de violín de toda Italia. Había decidido donar, al mejor violinista, un valioso instrumento que había adquirido recientemente. Cuando el chico aceptase le harían firmar un contrato con e que le controlarían  la vida. Y esa vida, juntada con el talento de otra, les haría enriquecer. Llamó a la puerta, se dio los últimos retoques en los labios y esperó. Se oyeron unos pasos al otro lado y se abrió.

-Buenos días, señorita Margarethe. ¿Qué tal le van sus asuntos?- preguntó un hombre regordete con cara agradable.

-Muy bien, muchas gracias, señor Piscolini. Venía por el asunto del nuevo violinista. Creo que promete, ¿no es así?- preguntó Margarethe con fingida inocencia.

-Sí, señora. El chico es una  auténtica maravilla, y cuando toca, uno siente que los mismísimos ángeles están cantando. Pero no sigamos hablando de él. Pase adentro, y usted misma lo comprobará.

-Es usted muy amable. Me sentiría muy agradecida si me lo presentase. Pero antes déjeme oírle tocar.-Dijo entrando en la sala y mirando fijamente a un muchacho, que, si de verdad era un espléndido artista tocando el violín, su camino y el de esa mujer estarían cruzados. Margarethe se sentó en un sillón y calló esperando que el joven empezara a tocar.

 

                                                                                           ***

Jamás había oído hablar sobre esa ópera así que había ido a preguntar en librerías cercanas y otros lugares en lo que pensó que podrían darle la información que necesitaba. Era una canción poco conocida que, según le dijo el primero de los que preguntó, forzaba al máximo las facultades vocales del artista. Poco a poco se iba enterando de que iba la letra de la ópera. Trataba de un avaricioso rey que quería reunir el mejor ejército jamás visto para dominar muchos territorios y hacerse inmensamente rico.

Ya en sus aposentos, recogía todas sus pertenencias para partir hacia su próximo destino, Roma. En ese momento llamaron a la puerta y una voz masculina le informó de que había llegado su carruaje. Farinelli con un suspiro de resignación y salió de la habitación, dando al hombre sus maletas para que se las llevara.

Al entrar en el carruaje vio que no iba vacío, un joven de unos quince años que portaba un violín en sus  manos, se encontraba dentro. Farinelli se sentó en frente de él y esperó a que el carruaje se pusiera en marcha para empezar a entablar una conversación con su acompañante.

-Buenos días.-saludó cortésmente.-Me llamo Carlos Broschi, perdón, Farinelli.-Se corrigió rápidamente al recordar que Paulo le cambió el nombre,  por culpa de ese contrato en el que fue engañado para que lo firmase su vida le pertenecía para siempre. El joven se tomó su tiempo antes de hablar.

-Yo me llamo Giovanni Perotti, violinista.-Añadió al ver que se quedaba mirando la funda del violín con especial interés. Farinelli no dijo nada al respecto, seguramente Giovanni, al igual que él, tenía como representante a Paulo y actuaría en Roma.

 Llegaron a su destino horas mas tarde. Allí se encontraron con su representante, el señor Paulo, que les avisó de que se alojarían en una mansión que estaba en su  propiedad. Los músicos le pidieron que les dejara irse a sus respectivas habitaciones dado que estaban agotados por la pesadez del viaje. Él aceptó encantado pero les avisó de una cosa que dejó a ambos estupefactos. Los dos representarían juntos dentro de un par de semanas “Pecuniam et Avaritia” en el teatro Augusteo. Los dos artistas se miraron, sorprendidos. Nunca antes habían hecho una actuación junto a otra persona, sus talentos eran tan excepcionales que nadie permitía que tocaran a conjunto. Todavía anonadados cada uno entró en su respectiva habitación para descansar. Seguramente esos días serían bastante duros para ambos.

Los días pasaron y Farinelli y el joven Giovanni por cada segundo que pasaba se sentían más nerviosos. Ensayaban día y noche hasta que el agotamiento les obligaba parar.  Con los días el castrati y el violinista estrecharon lazos. Los dos eran jóvenes promesas de la música y ambos lo sabían. A dos jornadas de la gran noche Farinelli y Giovanni tras un duro día de trabajo oyeron una conversación entre Paulo y Margarethe, la mujer que había conseguido que los dos condenasen su vida al firmar el documento que les entregó. Hablaban sobre cómo conseguirían que hasta los nobles pagaran grandes patrimonios por escuchar a ambos músicos. Haciéndose así más poderosos que ningún otro ser humano. Haciendo que hasta los mismísimos reyes se arrodillaran ante ellos. Solamente debían manipular sus pensamientos logrando con la música más bella que perdieran toda su capacidad de elección y se hicieran adictos a ella. Ante lo escuchado los dos músicos decidieron maquinar un plan con el fin de acabar con el objetivo de Paulo y Margarethe. Esa noche hablaron largo y tendido sobre el final de la carrera de Paulo y satisfechos se fueron a dormir tranquilamente, su plan se llevaría acabo dentro de dos días, hasta la fecha solo podían actuar con normalidad sin levantar sospechas.

 

La noche esperada llegó con prontitud y todos estaban expectantes por la actuación que se llevaría acabo en el teatro Augusteo. La tensión era palpable en el ambiente. Paulo sonreía pensando que su plan era imparable y que dentro de muy poco todos aquellos que estaban sentados en el teatro esperando a que empezara el espectáculo lo alabarían como a un Dios.

Farinelli y Giovanni esperaban nerviosos a que les mandaran al escenario, no podían cometer ni el más mínimo errar si querían que su plan saliese victorioso. Como la última vez, Farinelli tembló al oír que debían salir ya, pero otra vez se llenó de coraje y salió al escenario en compañía de Giovanni, que portaba el lustroso violín escarlata.

Ya en vista del público, todos los murmullos y aplausos se acallaron para dejar paso a una melodiosa sinfonía. El conjunto de estos grandes músicos hizo que a todos los presentes se les ablandara el corazón y que varias lágrimas surgieran de sus ojos. El señor Paulo ya estaba imaginando todas las riquezas y el poder que obtendría con más nitidez, ya pensaba que todo estaba hecho y que su plan había cumplido con su cometido cuando de pronto, la letra de la canción comenzó a cambiar. Farinelli ya no cantaba sobre un rey avaricioso que intentaba conquistar el mundo a base de derramar sangre de gente inocente a manos de su ejército, no, estaba cantando sus planes, desvelando así todos sus secretos, haciendo que el plan que creía perfecto se rompiera en mil pedazos. También el sonido del violín había cambiado, su tono inicial había sido suave, calmado, ahora el sonido era violento, casi desesperado. Los espectadores poco a poco fueron dándose cuenta de que lo que los jóvenes artistas estaban interpretando no era ficción, sino la realidad. Paulo miró a los dos músicos, sabía que ellos eran los culpables de  que su plan se hubiese desmoronado, pero, incluso habiéndole hecho eso, no podía dejar de pensar  en lo maravillosos que eran. Cada uno a su manera pero en el mismo territorio, Mientras miraba embelesado hacia el escenario donde creyó que surgiría su poder los guardias del teatro lo apresaron.

Farinelli y Giovanni al terminara fueron golpeados por una estampida de gritos y aplausos que les alababan. Estos con una sonrisa en la cara por haber logrado que los planes de Paulo se volvieran contra él y por la gran actuación que habían hecho esa noche, salieron del escenario, sintiendo que por fin su vida les volvía a pertenecer.

Lo que sucedió después.

Margarethe fue arrestada en la frontera que separaba Italia de Francia. Junto con Paulo fue condenada a muerte por incumplir las leyes e intentar hacerse con el máximo poder.

Giovanni y Farinelli, tras la actuación, siguieron caminos distintos y no se volvieron a ver.

Farinelli se casó con una joven heredera y convirtió en el castrati personal de la Corte Francesa,  donde vivieron durante muchos años hasta que se dieron cuenta de que sus vidas estaban llegando a su fin y  volvieron a Italia donde pasaron el resto de sus días en una gran villa a las afueras de la capital. Carlo Broschi se quedó con el pseudónimo que le puso Paulo como recuerdo de una de las etapas más difíciles de su vida.

Giovanni poco después de la gran noche tuvo un encuentro con Nicolo Bussoti. Tras una larga conversación Giovanni le entregó “El Violín Rojo” a su verdadero dueño, pero no dejó de tocar. Tuvo mucho éxito en Inglaterra y murió por culpa de una enfermedad años después de haber formado una familia.
Aunque estos músicos no se volvieron a ver, los recuerdos de esa noche perduraron en sus cabezas hasta que sus vidas llegaron al final de su camino, la muerte.







Espero que os halla gustado esta pequeña historia que escribí para un concurso con mi prima. No ganamos porque nos pasamos de la extensión pero lo presentamos a otro y ¡¡¡GANÓ!!!

29/9/12

Contra el maltrato animal, ¡importante!

Hola, esta entrada la estoy escribiendo para avisaros de que una amiga y yo hemos creado un blog en contra del maltrato animal. Surgió porque el otro día tuvimos que hacer una exposición en clase de lengua y decidimos que el tema sería ese. Lo que no sabíamos era las clases de barbaridades que hacen algunas personas. Nuestros compañeros de clase y el profesor nos felicitaron por el trabajo, dijeron que era un poco fuerte y que las imágenes eran espantosas, nosotras ante eso solo les dijimos: -hemos expuesto lo que la gente hace en el mundo, es bastante desagradable, lo sabemos, pero este trabajo os ha abierto los ojos para ver la clase de personas que existen-

Tras eso empezamos a divagar sobre la posibilidad de hacer otra vez esa exposición en otras clases, claramente eso era imposible, y entonces se nos ocurrió la idea de hacer un blog. ¿qué otra manera podría ser más fácil para que las máximas personas posibles pudiesen leerlo? Por lo tanto nos pusimos manos a la obra. Aquí os dejo el link del blog, espero que os paseis y lo divulgeis, los animales también son seres vivos y no merecen sufrir de esa manera.

http://nomaltratesanimalesellosnoloharian.blogspot.com


Gracias a todos los que se pasen. Miles de animales os lo agradecerán.


26/9/12

Pecuniam et avaritia



¡Hola! Hoy les traigo una HISTORIA, es un poco larga por lo que la dividiré en dos partes y más adelante colgaré la continuacíón. Esta historia no es solo mía dado que mi QUERIDISIMA PRIMA me ayudó a escribirla cuando tuve un bloqueo (algo que seguro a vosotros también os sucede) Bueno espero que os guste ^^

 

                             Pecuniam et avaritia


Hoy era la noche que decidiría su destino, para bien o para mal. Su vida ahora pendía de un fino hilo que podía ser rasgado con un simple soplo de brisa. Y podría ascender hacia la gloria o caer hacia un interminable barranco de hostilidad, tristeza y desgracia. Las manos le sudaban, y el bolígrafo que sujetaba Carlo Broschi temblaba levemente. El teatro San Bartolomeo estaba hasta los topes de gente que aguardaba la llegada del nuevo talento castrati con gran impaciencia. En ese momento, alguien entró en sus aposentos.

-Prepárese, señor Broschi, saldrá al escenario en escasos minutos.

-Gracias, señor Cavalli, puede retirarse.

Hizo una rápida reverencia antes de salir por la ricamente tallada puerta. El cantor respiró profundamente para intentar alejar los malos pensamientos que agarrotaban su alma. Cada segundo que pasaba, para él era una eternidad. Por fin, como si de un milagro se tratara, oyó la puerta volver a abrirse, y una lejana voz que lo llamaba para ir al escenario. Durante un largo momento, pensó que sus piernas no soportarían su peso, pero salió victorioso de su pequeña lucha interior. Sus pasos le dirigieron hacia el gigantesco escenario, como si de un sonámbulo se tratara. Llegó al centro de todas las miradas y la multitud calló, expectante. Paseó su mirada a lo largo de las butacas llenas de los jueces de su futuro. Tomó aire por última vez, y comenzó a cantar la conocida obra “Angelica  e Medoro”

 

***

Nicolo Bussotti estaba terminando su mejor creación hasta la fecha. Solo faltaba ajustar un poco las cuerdas para lo que sería el regalo de bienvenida al mundo para el hijo suyo que no tardaría en llegar. Bebió un poco de la copa de vino que yacía en su mano, cuando, de pronto, un alarido desgarrador inundó la estancia. Derramando el vino sobre su obra corrió hacia el lugar de donde provenía tal grito. La habitación de su mujer. Entró en ella como si la vida le fuera en ello, y la visión que le recibió le dejó anonadado: una figura se retorcía debajo de las que fueron blancas sábanas, que ahora habían cambiado a un enfermizo color rojo. Rápidamente llamó a la comadrona que llegó en quince minutos. Esta le ordenó esperar fuera para que no se interpusiese en su trabajo. Sin oponer resistencia se marchó ya que se sentía incapacitado para hacer otra cosa que no fuera estorbar. No pudo quedarse mucho tiempo cerca de la habitación sentado, porque los alaridos de su mujer le atravesaban el corazón como afilados puñales, así que fue a su taller para darle los último retoques a su obra. Sintió que el alma se le caía a los  pies cuando vio que el violín en el que tanto había estado trabajando había sido empapado por el vino que había derramado anteriormente. Intentó quitar la mancha, sin éxito, pues el violín había sido irrevocablemente teñido de un rojo, probablemente igual que el que ahora teñía las sábanas de la habitación de su mujer. De pronto, un silencio escalofriante captó su atención, y sus más temidas pesadillas parecieron cobrar vida. Anduvo lentamente sin capacidad de pensamiento hacia la habitación. Los desbocados latidos de su corazón no auguraban nada bueno. Cuando estaba frente a la puerta dudó si conseguiría afrontar la imagen que prontamente se le aparecería. Una figura la abrió silenciosamente y la imagen que vio no fue ni la mitad de dolorosa de lo que había imaginado. Su mujer yacía inerte sobre la cama y en sus brazos se hallaba una pequeña criatura que según pensó él le había arrebatado la vida a su querida esposa. No pudo reaccionar, ahora mismo no se encontraba en ese mundo. Los sentimientos encontrados iban cobrando forma en su interior. La imposibilidad de reaccionar fue poco a poco fue sustituida por un desasosiego que se presentó en forma de llanto. En ese momento tomó una gran decisión: la mayor obra del gran Bussotti, el mejor creador de violines de la  historia, había sido realizada el día de su perdición. La muerte de su mujer y su hijo quedaría reflejada para siempre en el color escarlata del que de ahora en adelante se llamaría “El Violín Rojo”.

***

La noche había sido un éxito. Al terminar la actuación todos se habían levantado aplaudiendo invadidos por una extraña emoción de felicidad y tristeza. Carlo Broschi hizo un par de reverencias y salió del escenario con una sonrisa dibujada en su pícara cara. Eso solo fue el principio de una gran velada, que además de méritos profesionales, también incluía alguna que otra conquista personal. Cuando se había retirado a sus aposentos recibió la extraña visita de un sorprendente personaje, Paulo Farinelli, quien le había dicho que su jornada había sido brillante.

-Señor Broschi, siento molestarle, ¿me dedicaría unos instantes?

-Si, por supuesto, adelante.

-Vengo para felicitarle por su espectáculo, ha sido fantástico. Al oírle alcanzar esas notas tan agudas he sentido mi corazón en un puño, creí que desafinaría en alguna, pero no, no se ha equivocado. Mi más sincera felicitación. Aunque he venido aquí por otra razón.

<<En estos tiempos que corren es difícil encontrar un buen artista. Los grandes talentos se descubren cada mucho tiempo, y cada patrón necesita una vida y más para encontrar su estrella. Muchos no llegan ni a conocerla, por eso me siento muy agradecido al cielo por haber conseguido al fin a un cantaor tan grande como tú, por lo tanto, y como creo que ya sospecha, he venido para ofrecerle la posibilidad de ser representado por mí. Ya sé que su hermano y vos están muy unidos, y será difícil convencerle, así que le ruego escuche mi proposición entera. >>

-Señor Farinelli-le interrumpió Carlo-, creo que ninguna oferta suya va a conseguir separarme de mi hermano, así que creo que si no tiene nada más que hacerme saber, creo oportuna su retirada.

-No, señor Broschi, no me voy a ir a ningún lado hasta que no escuche lo que he venido a decirle:  no creo que en su corta vida artística haya oído jamás una proposición semejante a la mía, ni al mismísimo Haendel  se le habría pasado por la cabeza una riqueza semejante obtenida por otra persona que no fuera Dios. ¿He despertado su curiosidad?

-Sinceramente, creo que mantengo en pie mi opinión inicial- respondió secamente Carlo.

-Bueno, aún así continuaré, y verá como al final se dará cuenta de que jamás se le presentará una propuesta similar. Lo que  le estoy ofreciendo es una riqueza sin par: diez veces su peso en cofres repletos de oro.

Carlo Broschi no pudo responder. Jamás, ni el mismo respetado monarca del país, vería esa cifra en el largo recorrido de su vida. Solo se podía reunir juntando la fortuna de cinco de los más ricos monarcas de Europa. Y aún así, lo dudaba. Se sintió dividido, entre su hermano y esa increíble fortuna. Al ver que no acababa de decidirse, el misterioso personaje añadió:

-Tendrá todo lo que quiera, mujeres, fortuna, fama. Todo eso será suyo si decide aceptar mi oferta, podrá dominar su destino. Y si al final decide tomar este camino, obtendrá una antigua reliquia que le puede ayudar a cumplir sus más deseados sueños.

Ante esta última noticia Carlo quedó completamente estupefacto. Nunca había sentido tanta curiosidad como en aquel momento. Seguramente era una treta para que aceptara la oferta. Ni siquiera pensaba que el dinero que le había ofrecido fuera cierto. De todas formas, le podía obligar a enseñarle  ese mítico objeto.

-¿Cuál es esa misteriosa reliquia?- preguntó Carlo con cierta sorna.

-Ah, eso, mi señor, deberá esperar. De momento puedo garantizarle que, con lo que ahora recibirá, no necesitará el amuleto para cambiar su destino.- dijo el hombre, con una sonrisa misteriosa en su rostro. Carlo no sabía qué hacer.

-Déjeme a solas con mis pensamientos, y le haré llegar mi respuesta lo antes posible.- pareció que el señor Farinelli se daba por satisfecho. Hizo una exagerada reverencia, le dio las gracias por su atención y se marchó.

Cuando al fin se quedó solo, recibió una más agradable visita. No logró darle vueltas al asunto, pero tampoco lo lamentó.

                                                                                                                                          ***

-Buenos días, señora. ¿En qué puedo ayudarla?- preguntó alegremente Beltrán. Estaba orgulloso de haber conseguido trabajo en el taller del gran Nicolo Bussotti, el cual estaba últimamente muy extraño. Había oído rumores de la muerte de alguien muy querido de su familia, pero, claro, con lo que la gente exageraba, perfectamente podría tratarse de la muerte de un conejo, que a lo mejor ni tenía.

-Buenos días, pues verá, quería comprar un violín. La fama de tu señor no conoce fronteras.-Añadió con una deslumbrante sonrisa que encajaba a la perfección con su bello rostro. Beltrán se quedó extrañado de que una mujer tan hermosa como aquella se dignara siquiera a mirarle.

-Bueno, en ese caso, haga el favor de seguirme mientras le muestro nuestras mejores obras.- empezó a andar guiándola por un estrecho túnel que llevaba al taller donde se encontraban las más valiosas obras de Nicolo Bussotti. Le enseñó el primer violín, que contaba con una bella tapa hecha de pícea, importada directamente de Noruega, pero el resto era de ébano, un material más usado para las guitarras. Al parecer la mujer se dio cuenta de ello, se lo hizo saber a Beltrán, y pasaron al siguiente ejemplar, un bello instrumento que parecía sabedor de su belleza, pero ella le encontró otra pega. Siguieron así durante unos cuantos minutos, pero ninguno era perfecto para ella: que si las eses eran muy estrechas, el puerto muy afilado…

-Parece que la fama de Bussotti es algo exagerada, ¿verdad?- dijo, con una nota de sarcasmo en la voz. Estaba tratando que el chico le dijera dónde estaba el mejor violín. Y así lo consiguió:

-Bueno, el señor Bussotti tiene una obra maestra que aún no ha puesto a la venta…- lo dejó en el aire, a ver cómo respondía a aquello.

-Y supongo que ningún comprador normal puede verlo, ¿verdad?

-Pues la verdad es que no.

-Pero es que resulta que yo no soy una compradora normal.- dijo, con un tono mezclado entre apremiante y amenazador.

-Pero el señor ha dicho…

-¡Me da igual lo que te haya dicho! Tú enséñamelo, y después de ver la gran suma de dinero que puedo ofreceros, me dirás si sigo sin poder verlo.- rugió la mujer, y en su tono de voz había desaparecido la parte apremiante y solo quedaba clara la amenaza.

-Sí, señora- dijo, como un niño al que acaban de descubrir robando mermelada. Ella soltó una sonrisa triunfal, y siguió al chico, que la guió hacia una cámara que era precedida por el taller. Probablemente se trataba del estudio privado de Nicolo. Cuando pensó en ello, a Beltrán le recorrió un escalofrío por la espalda, y pensó que podrían despedirlo por lo que estaba haciendo. Al contrario que él, la mujer estaba divertida por el miedo del aprendiz, y a la vez complacida por haber conseguido su propósito. La estancia era bastante estrecha, pero a pesara de su pequeñez, estaba tan ricamente adornada que podría haber pasado por una habitación de reyes. Al parecer, la fama no era tan exagerada, pensó ella. Había cofres de secuoya repartidos por la habitación, unas cortinas de seda, probablemente importadas desde la China exclusivamente para él, y plantas  como orquídeas negras y bambúes metidas en jarrones de oro y bronce. Aunque ella estaba acostumbrada a las riquezas quedó verdaderamente impresionada. Y en medio de aquel tesoro, la mujer, que sabía apreciar más que nada la música, quedó maravillada al ver el gran violín que allí se erguía majestuosamente.

-Es este, señora- dijo Beltrán, con una voz apenas audible.-Se llama “El Violín Rojo”, y es la joya más apreciada de mi señor.

-Lo quiero.-Dijo la mujer saliendo de su ensimismamiento.-Pagaré lo que haga falta por tal grandiosa reliquia. Es hermosa, y ese tono rojizo como la sangre le da aún más atractivo.

-Lo siento señorita, pero este violín no se encuentra en venta. Mi señor le tiene demasiado aprecio.

-¿Más aprecio que a dos mil escudos?-Preguntó irónicamente.

-Incluso más que a esa gran cantidad de dinero.-Los dos se giraron sorprendidos y se encontraron con la imponente y enfadada figura de Nicolo Bussotti.

-Ese violín no está a la venta, como mi querido aprendiz probablemente ya le haya dicho, así que le ruego que salga de aquí lo antes posible, si no quiere que pierda la razón y cometa alguna estupidez- dijo, sin disimular su furia.

-A lo mejor diez mil escudos…- dijo, pero la frase se quedó a medias, ya que su aplomo inicial la estaba abandonando. Nicolo la miró con más furia en su mirada si eso fuera posible. La señorita, ante aquella situación decidió irse por su propia cuenta ya que podía conseguir esa joya por otros métodos. Nicolo Bussotti respiró aliviado cuando esta se fue, y se dio la vuelta para encararse con el muchacho.

-No tengo nada que decir. Puedes recoger tus cosas y volver a tu casa.- dijo él. El muchacho ya se lo esperaba, pero aun así fue muy duro.

-¡Ah! Y por cierto, si ves a algún muchacho que quiera trabajar para mí, envíamelo, ¿vale?- dijo, intentando hacerle sentir mal y culpable. Beltrán se alejó arrastrando los pies, pensando en cómo mantendría a su familia a partir de ahora.

Pero aquella no sería la última vez que entraría en el taller. Ni tampoco la última que vería a la bella mujer. Y curiosamente, ambos hechos estaban estrechamente relacionados.

A la mañana siguiente, el taller apareció lleno de gente que quería conseguir el empleo que había quedado vacío, ya que la noticia se había extendido como la pólvora. Cuando Nicolo hubo decidido quién ocuparía el puesto, se dirigió al taller. Parecía que las cosas no podrían mejorar nunca. El gran altar en el que se tendría que alojar su violín estaba vacío.

Y, mientras, en una lujosa casa del barrio más rico, una hermosa mujer y un chiquillo hablaban:

-Muchas gracias por tu ayuda- dijo ella, con una encandiladora sonrisa.

-No… No hay… De qué-respondió medio hechizado el muchacho.

-¡Qué pena que no vayamos a trabajar de nuevo juntos!- mintió, con el engaño pintado en el rostro. El chico estaba tan hipnotizado que no se dio cuenta de ello.

-Ya lo creo- respondió como un inocente cordero a punto de ser degollado. Lo cual no distaba mucho de la verdad.

-Pero bueno, qué lástima que no puedas volver a trabajar en ninguna otra cosa- añadió ella. El chico salió de su engaño cuando dijo esto último. Pero fue demasiado tarde. Lo último que oyó fue una espada que rasgaba el aire.
 

 

 

Dentro de poco colgaré su continuación, para ser más exactos la semana que viene. He decidido colgar todas las semanas, publicaré todos los miércoles si el instituto no me lo impide ^^ Bss

11/9/12

Amistad

 

Esta entrada se la dedico a mis mejores amigas que siempre están allí para ayudarme tanto en los malos como en los buenos momentos.  Os quiero chicas ^^



   Me quedé enganchada en aquel lazo invisible que nos unió en el momento que nos conocimos.

   Aunque pareciese ridículo, si alguien tirara de aquel lazo con todas sus fuerzas no lograría romperlo.

   Aquel lazo era una unión que nos juntaría para el resto de nuestras vidas.

   Aunque fuera impalpable, nosotras sabíamos que estaba allí, y era sólida como la certeza de saber que solo existiría entre nosotras.

   Lazos rotos, lazos unidos ¿Cuántos tipos de lazos habrá? Nadie jamas lo sabrá, pero sé que al menos uno es único: el que nos unió a ti y a mi.

                                 El lazo de la amistad




27/7/12