19/2/13

El beso del Diablo.


Amasé el fuego con mis propias manos. Las leguas rugían con vigor mientras se alzaban en un violento vals a mí alrededor. Su sofocante calor me golpeaba intentando destruir cada vestigio que aguardaba dentro de mí. Mi único fin era la verdad por muy dolorosa que fuera.

Escarbé sus puntos débiles enfrentándome a él en un acto suicida. Sus llamas ardieron con más fulgor burlándose de la fragilidad a la que fui condenada de nacimiento.

Sus leguas atravesaron mis labios quemándome la garganta hasta llegar a mi corazón. Comenzó a danzar y luego, se dio al ataque.

La quemazón cada vez era más palpable. Estaba ardiendo por dentro y la desesperación era mi única amiga en ese frenético momento.

Bajo tus ojos un grito escapó salvajemente de entre mis labios.

No podía llorar. Las lágrimas eran evaporadas en el mismo instante en el que comenzaban a crearse.

Sintiendo cada célula de mi cuerpo arder me di cuenta de cuan dolorosa podía llegar a ser la verdad...

                                                                  ... y sobretodo, el error que había cometido al enfrentarle. 







Había jugado con fuego y me había quemado.

2 comentarios:

Angélica Urdaneta dijo...

Me ha encantado el texto.

May R Ayamonte dijo...

guau que gran enseñanza la ultima frase, quien no se quemo jugando coon fuego?
Un beso!! May R Ayamonte